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Posts Tagged ‘Rozitchner’

Collage Z, por Alejandro RozitchnerLas miradas sociales pueden resultar reveladoras pero son también extremadamente limitadas a la hora de comprender lo fundamental del mundo humano. La vida se vive desde adentro, es siempre la aventura de alguien, y solemos descuidar esa perspectiva con frecuencia. Para pensar la historia es necesario tener la mirada amplia. Pero para hacer la vida propia -y para hacer bien la historia-, es necesario aplicar una mirada más concreta y realista, individual. Esto es necesario incluso para que la historia, que alguna vez será narrada, tenga algo evolutivo que contar.

La hipótesis: si las personas fueran más sabias y plenas también serían más útiles en la producción de felicidad colectiva. La plenitud del individuo genera belleza social. Y más riqueza. Y más bienestar general. El resentimiento y la ideología (plagada de ignorancias) reproducen la amargura social. ¿Acaso todavía no quedó claro?

No nos equivoquemos, buscar el bienestar personal no es un camino para hacerle bien al país. Uno, la persona, el individuo, no es un medio. El intento es el de demostrar precisamente que considerarse un medio no tiene sentido, que es improductivo, que produce desastres. La mayor apuesta es la felicidad personal, y la consecuente sensualidad social de desarrollo y creatividad.

A continuación una serie de premisas orientadoras para ese individuo frecuentemente aplastado por el peso de una visión social inadecuada:

1. No es cierto que quien más sabe, más sufre. El conocimiento y la inteligencia muestran su valor en la realidad que producen. La realidad no es en su fondo la desgracia que gustamos creer. Al tomar contacto con sus verdades profundas lo que se genera no es dolor. Se genera de todo: dolor, placer, deseos, movimientos, experiencias. Sobre todo: acción, batalla por el sentido, ganas de hacer y de logro.

2. No hace falta estar preocupado todo el tiempo. La sensación de preocupación constante es un problema personal, una mala manera de tratar con las ansiedades propias. Es nuestra responsabilidad aclarar la situación y salir de esa emoción: y tomar las acciones que sean necesarias. Se puede pedir ayuda. Se puede ayudar. La preocupación no es sintonía con la realidad, es incapacidad de tratar con ella.

3. Aprender a vivir es aprender a soportar lo indefinido. A vivir se aprende: la vida va enseñando, si uno presta atención. Lo indefinido es lo que se padece, lo que resulta incómodo, aquello que todavía no se entiende o no se puede. Hay que tolerar grandes cantidades de indefinición, de caos, de procesos que suceden según su propio ritmo y no según el ritmo de nuestras necesidades o deseos.

4. Lo problemático es parte de lo real, y no algo que no debiera existir. Tal vez el error central de nuestro pensamiento standard sea la idea de que una existencia como debe ser no tendría que contener problemas o injusticias. Como si la existencia fuera un fenómeno racional y no uno natural. No lo es: los problemas ocupan y ocuparán siempre su legítimo lugar. El tema es qué hacemos nosotros frente a ellos.

5. El despelote de nuestras sociedades no es un defecto. Lo propio de una sociedad, en todas partes del mundo y en todas las épocas de la historia, es ser un núcleo indomable de tensiones cruzadas. Las sociedades no pueden no ser problemáticas y en parte caóticas. La capacidad de una comunidad está en lo que logra hacer con su despelote fundamental. Basta de creer que todo está mal todo el tiempo. Bastante bien funcionan las sociedades teniendo en cuenta que somos tantos viviendo juntos en un espacio acotado.

6. Dos planes vitales básicos, sobrevivir o crecer. Una cosa es hacer pie en lo que uno quiere, y aceptar los desafíos de ir plasmando ese crecimiento, y otra tratar de eludir las dificultades planteadas por nuestros deseos y tratar de sobrellevar la vida como una situación que, bueno, ya va a pasar. Sobrevivir: no hacer olas, evitar despelotes, conformarse. Crecer: ir a por más, desplegarse, tomarse en serio la propia sensibilidad.

7. De las confusiones se sale diciendo qué se quiere. El caos se ordena con el eje del deseo. Ese vector instaura un orden, organiza la experiencia con algún sentido, muestra dónde va cada cosa. No se trata tanto de buscar el camino correcto, hay que buscar el camino propio.

8. La diferencia debe ser expresada, más que respetada. Nos quedamos en la tibieza moralista cuando decimos que las diferencias hay que protegerlas, adoptamos un enfoque temeroso y defensivo. La diferencia es la forma particular de ser uno, y más que respeto pide fuerza y desarrollo.

9. Identidad es deseo. La identidad no es el contexto social, la memoria, ni la historia. Todas esas cosas borran nuestra identidad real y la suplantan por una identidad simbólica, inexistente. Somos lo que queremos. Cada uno está definido por su deseo, por su línea de acción. En esa aparente superficialidad de la piel está ya inscripta la historia, no hay que ir a buscarla otra vez. Está sin ser vista, donde tiene que estar. Y nosotros tenemos nuestra vida a cargo: ¿qué queremos? Soy lo que quiero, lo que me gusta, lo que hago en consecuencia.

10. Entusiasmo es felicidad cotidiana. Todas estas ideas no trazan en lo más mínimo un horizonte pesimista o escéptico, todo lo contrario. El entusiasmo, la posición vital más lograda y plena, feliz y activa, aparece cuando uno instala en su experiencia cotidiana ese eje del querer y del deseo personal. Es lo que nos hace bien a nosotros y es lo que el país necesita que hagamos.

Final: la objeción, desde el punto de vista colectivista, sería que si cada uno hace lo que quiere queda justificado el delito, que todas las barbaridades se legitiman. No es así: no es esta posición un apoyo a las barbaridades kirchneristas, por ejemplo. Es más bien un llamado a poner en marcha otras fuerzas para limitarlas. Y por otra parte: ¿acaso no está lleno de gente que quiere el bien de los demás? ¿No es en el deseo de estos muchos de donde cabe esperar un crecimiento nacional? Soy de esos: buscaremos nuestra felicidad y al hacerlo estaremos participando de la creación de un país mejor. La producción y la riqueza nacen siempre de las ganas de vivir.

Alejandro es filósofo, autor, tipo genial y amigo de la casa. Su blog es www.100volando.net . El collage que ilustra la nota también es de su autoría. Pueden ver más de su arte aquì.

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Dicen que uno a veces necesita de la distancia para evaluar mejor las cosas. Tal vez, pero a veces pueden  discernirse  los problemas de la Argentina en forma certera y punzante, sin tener que salir del país para hacerlo.  Como prueba copio un artículo de mi amigo Alejandro Rozitchner, cuyo contenido y opinión comparto en un 110%. Pueden ver el original aquí.

Alejandro RozitchnerEn el último número de Noticias publiqué este artículo que me gusta mucho. Es, digamos, humorístico, pero también serio:

Compañeros. Hoy tuve que faltar a mi trabajo docente porque se me hacía necesario tomar estas notas antes de ir al gremio. Escribo esto con una gran sensación de alarma y de terror. Ví todo claro en un segundo. Vienen momentos duros. No por la crisis del liberalismo internacionalista, ellos sabrán recomponerse, lamer sus heridas. Algo más profundo se prepara, algo muy bien representado en grupos nacionales de influencia. Sectores con posibilidades de gobernar están empeñados en cambiar las reglas del juego. Pretenden hacer de la Argentina otro país, quitarle su ser nacional profundo. ¡Quieren arrebatarnos nuestra pobreza!

¡Quieren que tengamos dinero y consumamos! Engendran políticas que buscan el desarrollo nacional… ¿A quién conviene este plan siniestro? ¡A ellos, lógicamente! A Estados Unidos, que quiere colocar sus productos y servicios, a las grandes productoras de alimento, a las industrias dedicadas al consumo, que buscan siempre vender más y aumentar sus ganancias. ¿Acaso nos beneficiaría tener la heladera llena, es más, tener heladera? ¿Para qué quieren que comamos y tengamos salud y educación pública, por qué están empeñados en semejante despropósito? ¡Para que trabajemos más y hagamos un país que funcione! De esa forma Argentina estaría integrada al mundo y más empresas podrían hacer negocios con nuestros mercados… No nos dejemos engañar. No podemos permitir otro movimiento de control y represión: ¡queremos seguir en bolas, como quería San Martín, no ser esbirros integrados al sistema! De otra forma, pronto en vez de vivir en nuestras barriadas populares, viviremos en lugares limpios y agradables, casas ordenaditas, como le gustan a la oligarquía nacional.

Llaman seguridad a evitar la muerte por la calle: ¡claro, tienen miedo de que les pase algo! ¿Acaso se preocupan por los necesitados? Fingen hacerlo, pero buscan hacer de nuestra sociedad algo inocuo, quitándole los peligros lógicos de la lucha de clases. ¿Hay que castigar a un muchacho confuso que se le escapa un tiro y mata a un profesional, por un error humano, y encerrarlo, haciéndolo culpable como si fuera un delincuente? ¿No puede un hombre querer llevar comida a su casa, y para eso tomar lo que en realidad le corresponde pero está en manos que ostenta auto, casa, billetera y demás?

Párrafo aparte merece el tema de la salud: ¡quieren además alargarnos la vida! ¡Curarnos de todas nuestras enfermedades habituales, despojándonos de siglos de padecimientos y dolores! No debemos permitir que logren sus objetivos. ¿Qué dirían nuestros padres y nuestros abuelos, si supieran que ya no somos pobres y tenemos cuerpos sanos y fuertes? ¿Reconocerían acaso en nuestra robustez los signos de su raquitismo ancestral? ¿Acaso tenían ellos su dentadura completa? ¿Por qué vamos a tenerla nosotros? ¿Hay necesidad de vitaminas y medicamentos o quieren más bien beneficiar a los nefastos laboratorios internacionales?

Son personajes siniestros, adoradores de los libros, nefastos personeros del culturato, que cultivan en sus universidades de calidad esta ideología del mejoramiento social, organizando verdaderos grupos de choque ideológicos que promueven el bienestar individual. Quieren cambiarnos la cultura, quitarnos hábitos de siglos. Apoyados en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, con la que expolían al pueblo de sus legítimos recursos (deteriorando de paso el habitat natural), han logrado aumentar la expectativa de vida de todos nosotros. ¿Lo han hecho para darnos más vida? Eso quieren hacernos creer, para hacernos cómplices de la abundancia que desean y pretenden organizar. Pero no. Jamás. Lo hacen para someternos, para dominarnos y aprovecharse de nosotros. Eso buscan. La ganancia. No como nosotros, que buscamos los ideales más dignos de desamparo, improductividad e ignorancia. Repudiemos su pasión desarrollista, no nos engañarán.

Criminalizan la pobreza, como si estuviera mal ser pobre. No permitamos que el querido ex presidente Kirchner sea avasallado por los grupos de intereses que, por la vía burguesa de la democracia, pretenden eliminar la cultura popular, la enfermedad nacional y el padecimiento latinoamericano. ¡Latinoamérica jamás será feliz ni productiva! ¡No arrancarán a nuestros pueblos de su decisión de lucha, de compromiso con los necesitados! Compañeros. Queremos una vida que merezca ser vivida, no un facilismo superficial. Lucha o muerte, pobreza y dignidad… ¡Comando Retrógrado hacia la Gloria! ¡Desmantelamiento y castigo para el productivato!

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Si siempre quisiste escribir algo – guiones, articulos, cuentos, novelas, blogs – pero estás trabado, este taller concreto, corto y súper efectivo de mi amigo Alejandro Rozitchner es justo lo que el médico te prescribió.

Taller de proyectos de escritura (para los que quieren escribir y se traban en el camino, o no logran empezar nunca…)

A mí me sirvió un montón, por eso lo recomiendo.

Dice Alejandro:

“Ilustré este post con una imagen de la tumba de Borges y podemos tomarlo de dos formas: como un homenaje a alguien que jugó con la escritura apasionadamente y logró obras llenas de vida, o como un recordatorio de que Borges está muerto y ahora nos toca a nosotros…”

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