Feeds:
Entradas
Comentarios

El Buen Combate es aquel entablado en nombre de  nuestros sueños.  Cuando explotan dentro de nosotros, con todo su vigor, en la juventud, tenemos mucho coraje pero todavia no hemos aprendido a luchar. Después de mucho esfuerzo, hemos aprendido a luchar pero ya no tenemos el mismo coraje para combatir. Por eso, nos volvemos contra nosotros mismos y pasamos a ser nuestro propio peor enemigo. Decimos que nuestros sueños eran infantiles, difíciles de realizar o fruto de nuestra ignorancia de de las realidades de la vida. Matamos nuestros sueños porque tenemos miedo de entablar el Buen Combate.

El primer síntoma de que estamos matando nuestro sueños es la falta de tiempo. Las personas más ocupadas que he conocido en la vida siempre tenían tiempo para todo. Las que nada hacían estaban siempre cansadas, no conseguían realizar el poco trabajo que tenían y se quejaban constantemente de que el día era demasiado corto. En verdad, tenían miedo de enfrentarse con el Buen Combate.

El segundo síntoma de la muerte de nuestros sueños son nuestras certezas. Porque no queremos considerar la vida como una gran aventura para ser vivida. Pasamos a juzgarnos sabios, justos, correctos en lo poco que pedimos de la existencia. Miramos más allá de las murallas y escuchamos el ruido de las lanzas que se rompen, el olor de sudor y de pólvora, las grandes caídas y las miradas sedientas de conquistas de los guerreros. Pero nunca notamos la alegría, la inmensa alegría que está en el corazón del que está luchando, porque para ellos no importan ni la victoria ni la derrota, importa sólo participar del Buen Combate.

Finalmente, el tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida pasa a ser una tarde de domingo, sin pedirnos cosas importantes y sin exigirnos más de lo que queremos dar. Creemos entonces que ya estamos maduros; abandonamos las fantasías de la infancia y conseguimos realizarnos personal y profesionalmente. Nos sorprendemos cuando alguien de nuestra edad dice que quiere todavía esto o aquello de la vida. Pero en verdad, en lo íntimo de nuestro corazón, sabemos que lo que ocurrió fue que renunciamos a luchar por nuestros sueños, a entablar el Buen Combate.

Cuando renunciamos a nuestro sueños y encontramos la paz, tenemos un pequeño período de tranquilidad. Pero los sueños muertos comienzan a pudrirse dentro de nosotros e infectan todo el ambiente en el que vivimos. Emepzamos a ser crueles con los que nos rodean y finalmente pasamos a dirigir esta crueldad contra nosotros mismos. Surgen las enfermedades y las psicosis. Lo que queríamos evitar en el combate – la decepción y la derrota – pasa a ser el único legado de nuestra cobardía. Y llega un bello día en que los sueños muertos y  podridos vuelven el aire tan difícil de respirar que pasamos a desear la muerte, la muerte que nos libre de nuestras certezas, de nuestras ocupaciones y de aquella terrible paz de las tardes de domingo.

Anuncios

Cielo e infierno

Un hombre, su caballo y su perro caminaban por un sendero. Al pasar cerca de un árbol gigantesco, cayó un rayo, y los tres murieron fulminados.

Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había dejado este mundo, y siguió caminando con sus dos animales (a veces a los muertos les lleva un tiempo ser conscientes de su nueva condición…)

La caminata se hacía muy larga, colina arriba, el sol era terrible, y todos terminaron sudados y sedientos. Necesitaban desesperadamente agua. En una curva del camino, avistaron una puerta magnífica, toda de mármol, que conducía a una plaza adoquinada con bloques de oro, en cuyo centro había una fuente de donde manaba un agua cristalina.

El caminante se dirigió al hombre que guardaba la entrada:

Buenos días. ¿Qué lugar es éste, tan bonito?

– Esto es el cielo.

– Pues qué bien que hemos llegado al cielo, porque nos estamos muriendo de sed.

– Usted puede entrar y beber toda el agua que quiera.

– Mi caballo y mi perro también tienen sed.

– Lo siento mucho, pero aquí no se permite la entrada de animales.

Al hombre aquello le disgustó mucho, porque su sed era grande, pero no estaba dispuesto a beber él sólo; dio las gracias y siguió adelante. Tras mucho caminar, ya exhaustos, llegaron a una finca que tenía por entrada una vieja portezuela que conducía a un camino de tierra, bordeado por árboles en sus dos orillas.

A la sombra de uno de los árboles, había un hombre tumbado, con la cabeza cubierta con un sombrero, aparentemente durmiendo.

-Buenos días – dijo el caminante.-Tenemos mucha sed, mi perro, mi caballo y yo.

-Hay una fuente en aquellas piedras – dijo el hombre señalando el lugar -. Pueden beber cuanto les plazca.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y mataron su sed. A continuación, regresó para dar las gracias.

-A propósito, ¿cómo se llama este lugar?

-Cielo.

-¿Cielo? ¡Pero si el guarda de la puerta de mármol dijo que el cielo era allá!

-Eso no es el cielo, es el infierno.

El caminante se quedó perplejo.

-¡Pero ustedes deberían evitar eso! ¡Esa falsa información debe causar grandes trastornos!

El hombre sonrió:

-De ninguna manera. En realidad, ellos nos hacen un gran favor. Porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a los mejores amigos…

Paulo Coelho, en “El demonio y la Srta. Prym”

Valeria dice que se llama “Soy la última persona en este mundo”

Un ganso que picoteaba en una pradera se sintió ofendido por la presencia de un caballo que pastaba cerca, y con acento sibilante así  le dijo:

“Ciertamente soy yo un animal màs noble y perfecto que tú, ya que toda la extensión y rango de tus movimientos está confinado a un solo elemento.”

“Yo puedo caminar sobre la tierra tan bien como tú; poseo, además, alas con las que puedo elevarme por los aires; y, cuando me place, puedo navegar estanques y lagos y refrescarme en sus aguas. Disfruto de  las distintas capacidades de las aves, los peces y los cuadrúpedos.”

El caballo, resoplando en forma desdeñosa, replicó:

“Es cierto que habitas en tres elementos, pero no haces buen papel en ninguno de los tres. Vuelas, es verdad; pero tu vuelo es tan pesado y torpe que no tienes derecho a compararte con la alondra o la golondrina.”

“Puedes nadar por la superficie de las aguas, pero no puedes vivir en ellas como los peces; no puedes procurarte allí tu alimento ni ni puedes surcar las profundidades debajo de las olas.”

“Y cuando caminas, o más bien te contoneas, sobre la tierra con tus anchas patas, estirando el largo cuello y siseando a todo el que pasa, sólo atraes la burla de los que te observan.”

“Admito que sólo estoy formado para moverme sobre la tierra; pero cuánta gracia hay en mi forma! Qué bien torneadas mis patas! Qué bien diseñado todo mi cuerpo! Cuán grande mi fuerza! Qué deslumbrante mi velocidad!”

“Prefiero mucho estar confinado a un sólo elemento, y ser admirado en el mismo, que ser un ganso en los tres elementos.”

En las últimas semanas he pensado varias veces en esta fábula.

Estoy ayudando a mi hijo Leonardo con su adaptación al sistema educativo esloveno. Como cambió del secundario argentino (orientación economía y negocios) a un secundario mucho más parecido a nuestro viejo “Bachillerato Nacional” (se llama “gimnazija”), necesita ponerse a tiro con las materias más técnicas, como matemática, física y química, además de recuperar los contenidos anteriores de materias que nunca había estudiado, como esloveno y alemán.

Para algunas materias hemos recurrido a profesores particulares. Práctica común cuando a algún alumno le “va mal”  en la materia y necesita “nivelar” sus conocimientos para lograr el “mìnimo” aceptable.

Me parece que nuestras escuelas siguen criando gansos. Personas que necesitan alcanzar un promedio aceptable en todas las materias.

Sin embargo, el mundo de hoy ya no premia a las persionas promedio, obreros y profesionales estandarizados, piezas fácilmente intercambiables del engranaje laboral.

El mundo premia hoy a las personas excepcionales, que ejecutan su trabajo en forma apasionada y creativa, con un grado de talento, destreza y experiencia tal que los hace únicos e irreemplazables.

Qué distinto sería el mundo si en las escuelas los alumnos fuesen exigidos en las materias en las cuales tienen más talento, en vez de exigirles más en las que menos rinden. Qué distinto sería el futuro de nuestros hijos si fuese normal y obligatorio ponerle profesores particulares en las materias en las que mejor les va.

foto de Glenn Harper

“Oh, the comfort, the inexpressible comfort of feeling safe with a person, having neither to weigh thoughts nor measure words, but pouring them all out, just as they are, chaff and grain together, certain that a faithful hand will take and sift them, keep what is worth keeping, and with a breath of kindness blow the rest away.”

“¡Que consuelo, qué inexpresable consuelo el de sentirse seguro con alguien, sin tener que calibrar los pensamientos ni medir las palabras, dejándolos salir tal como son, el grano y la paja juntos, en la certeza de que una mano fiel los recogerá y tamizará, sabiendo retener lo que vale conservar, y con un soplo de aliento gentil el resto dispersar.”

Dinah Craik (1826-1887), novelista británica.

Collage Z, por Alejandro RozitchnerLas miradas sociales pueden resultar reveladoras pero son también extremadamente limitadas a la hora de comprender lo fundamental del mundo humano. La vida se vive desde adentro, es siempre la aventura de alguien, y solemos descuidar esa perspectiva con frecuencia. Para pensar la historia es necesario tener la mirada amplia. Pero para hacer la vida propia -y para hacer bien la historia-, es necesario aplicar una mirada más concreta y realista, individual. Esto es necesario incluso para que la historia, que alguna vez será narrada, tenga algo evolutivo que contar.

La hipótesis: si las personas fueran más sabias y plenas también serían más útiles en la producción de felicidad colectiva. La plenitud del individuo genera belleza social. Y más riqueza. Y más bienestar general. El resentimiento y la ideología (plagada de ignorancias) reproducen la amargura social. ¿Acaso todavía no quedó claro?

No nos equivoquemos, buscar el bienestar personal no es un camino para hacerle bien al país. Uno, la persona, el individuo, no es un medio. El intento es el de demostrar precisamente que considerarse un medio no tiene sentido, que es improductivo, que produce desastres. La mayor apuesta es la felicidad personal, y la consecuente sensualidad social de desarrollo y creatividad.

A continuación una serie de premisas orientadoras para ese individuo frecuentemente aplastado por el peso de una visión social inadecuada:

1. No es cierto que quien más sabe, más sufre. El conocimiento y la inteligencia muestran su valor en la realidad que producen. La realidad no es en su fondo la desgracia que gustamos creer. Al tomar contacto con sus verdades profundas lo que se genera no es dolor. Se genera de todo: dolor, placer, deseos, movimientos, experiencias. Sobre todo: acción, batalla por el sentido, ganas de hacer y de logro.

2. No hace falta estar preocupado todo el tiempo. La sensación de preocupación constante es un problema personal, una mala manera de tratar con las ansiedades propias. Es nuestra responsabilidad aclarar la situación y salir de esa emoción: y tomar las acciones que sean necesarias. Se puede pedir ayuda. Se puede ayudar. La preocupación no es sintonía con la realidad, es incapacidad de tratar con ella.

3. Aprender a vivir es aprender a soportar lo indefinido. A vivir se aprende: la vida va enseñando, si uno presta atención. Lo indefinido es lo que se padece, lo que resulta incómodo, aquello que todavía no se entiende o no se puede. Hay que tolerar grandes cantidades de indefinición, de caos, de procesos que suceden según su propio ritmo y no según el ritmo de nuestras necesidades o deseos.

4. Lo problemático es parte de lo real, y no algo que no debiera existir. Tal vez el error central de nuestro pensamiento standard sea la idea de que una existencia como debe ser no tendría que contener problemas o injusticias. Como si la existencia fuera un fenómeno racional y no uno natural. No lo es: los problemas ocupan y ocuparán siempre su legítimo lugar. El tema es qué hacemos nosotros frente a ellos.

5. El despelote de nuestras sociedades no es un defecto. Lo propio de una sociedad, en todas partes del mundo y en todas las épocas de la historia, es ser un núcleo indomable de tensiones cruzadas. Las sociedades no pueden no ser problemáticas y en parte caóticas. La capacidad de una comunidad está en lo que logra hacer con su despelote fundamental. Basta de creer que todo está mal todo el tiempo. Bastante bien funcionan las sociedades teniendo en cuenta que somos tantos viviendo juntos en un espacio acotado.

6. Dos planes vitales básicos, sobrevivir o crecer. Una cosa es hacer pie en lo que uno quiere, y aceptar los desafíos de ir plasmando ese crecimiento, y otra tratar de eludir las dificultades planteadas por nuestros deseos y tratar de sobrellevar la vida como una situación que, bueno, ya va a pasar. Sobrevivir: no hacer olas, evitar despelotes, conformarse. Crecer: ir a por más, desplegarse, tomarse en serio la propia sensibilidad.

7. De las confusiones se sale diciendo qué se quiere. El caos se ordena con el eje del deseo. Ese vector instaura un orden, organiza la experiencia con algún sentido, muestra dónde va cada cosa. No se trata tanto de buscar el camino correcto, hay que buscar el camino propio.

8. La diferencia debe ser expresada, más que respetada. Nos quedamos en la tibieza moralista cuando decimos que las diferencias hay que protegerlas, adoptamos un enfoque temeroso y defensivo. La diferencia es la forma particular de ser uno, y más que respeto pide fuerza y desarrollo.

9. Identidad es deseo. La identidad no es el contexto social, la memoria, ni la historia. Todas esas cosas borran nuestra identidad real y la suplantan por una identidad simbólica, inexistente. Somos lo que queremos. Cada uno está definido por su deseo, por su línea de acción. En esa aparente superficialidad de la piel está ya inscripta la historia, no hay que ir a buscarla otra vez. Está sin ser vista, donde tiene que estar. Y nosotros tenemos nuestra vida a cargo: ¿qué queremos? Soy lo que quiero, lo que me gusta, lo que hago en consecuencia.

10. Entusiasmo es felicidad cotidiana. Todas estas ideas no trazan en lo más mínimo un horizonte pesimista o escéptico, todo lo contrario. El entusiasmo, la posición vital más lograda y plena, feliz y activa, aparece cuando uno instala en su experiencia cotidiana ese eje del querer y del deseo personal. Es lo que nos hace bien a nosotros y es lo que el país necesita que hagamos.

Final: la objeción, desde el punto de vista colectivista, sería que si cada uno hace lo que quiere queda justificado el delito, que todas las barbaridades se legitiman. No es así: no es esta posición un apoyo a las barbaridades kirchneristas, por ejemplo. Es más bien un llamado a poner en marcha otras fuerzas para limitarlas. Y por otra parte: ¿acaso no está lleno de gente que quiere el bien de los demás? ¿No es en el deseo de estos muchos de donde cabe esperar un crecimiento nacional? Soy de esos: buscaremos nuestra felicidad y al hacerlo estaremos participando de la creación de un país mejor. La producción y la riqueza nacen siempre de las ganas de vivir.

Alejandro es filósofo, autor, tipo genial y amigo de la casa. Su blog es www.100volando.net . El collage que ilustra la nota también es de su autoría. Pueden ver más de su arte aquì.

Aclaro  primero que el test no consiste en adivinar qué es un malvavisco, que viene a ser esa golosina esponjosa hecha con azúcar, clara de huevo y gelatina tal vez más conocido por su nombre en inglés – marshmallow.

OK.  “The marshmallow test” es el nombre de un famoso experimento realizado en Stanford en la decada del 70. El mismo consistió en dar un malvavisco a un chico de 4 años, explicándole la siguiente opción: podía comérselo enseguida, pero si esperaba quince minutos sin comérselo, le iban a dar otro malvavisco más.

Este experimento se repitió recientemente… con dos resultados notables:

1. las diferencias entre los chicos que logran esperar hasta que les den el segundo malvavisco, y los que no se aguantan las ganas son muy significativas.

2. Los videos que se obtienen son increíbles.

Cuáles son las diferencias entre los dos grupos de chicos?  Tras catorce años de seguimiento, los experimentadores descubrieron que los impulsivos tenían baja autoestima y umbrales bajos de frustración, mientras que los que habían esperado eran personas socialmente más competentes y con mayor éxito académico. Las diferencias eran notorias en un amplio rango de indicadores, desde el resultado de su test SAT (test de ingreso universitario), pasando por su BMI (índice de masa corporal) hasta el abuso de drogas.

Parece ser que la capacidad de postergar la gratificación en pos de una recompensa futura es clave para el éxito personal. Lo que a todos nos parece lógico e intuitivo… sin embargo, como sociedad nos comportamos en forma cada vez más impulsiva, cortoplacista, impaciente, exigiendo resultados inmediatos y gratificación instantánea.

Otro dato interesante: el test fue repetido recientemente en diferentes partes del mundo – Sudamérica, Norteamérica, Europa, Asia… y en todas partes, el resultado es el mismo: dos terceras partes de los chicos se comen el malvavisco, una tercera espera a conseguir el otro. A la edad de cuatro años, no hay diferencia entre los chicos latinoamericanos y los estadounidenses. Habrá que buscar las causas del atraso en otra parte, entonces.