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Archive for 30 septiembre 2008

La última lección

En la Universidad Carnegie Mellon existe una tradición de despedida para los profesores que dejan la institución, llamada “La última lección”, en la que el tema es, justamente, qué consejos les darías a tus alumnos como despedida en tu conferencia final.

Esta experiencia se hizo más que real cuando al profesor Randy Pausch le diagnosticaron un cáncer terminal de páncreas. Él tituló su conferencia “Cómo hacer realidad los sueños de tu infancia”.

La conferencia fue sumamente conmovedora, y gracias a su difusión en la internet, empezó a hacerse cada vez más conocida. El dr. Pausch fue invitado a repetirla, y finalmente, llegó hasta el programa más visto de la TV norteamericana. Aquí pueden ver la versión condensada:

Millones de personas se conmovieron por el mensaje del profesor Randy. Muchos lo criticaron, diciendo que su mensaje era insustancial y frívolo. Otros le criticaron que haya aprovechado la mezcla de compasión y fascinación por lo macabro del público para hacerse famoso y lucrar con ello, ya que el libro basado en su conferencia se convirtió en bestseller.

El dr. Randy Pausch murió el 25 de julio pasado, y la polémica volvió a reavivarse. Su libro volvió a trepar a la cima de los rankings, dejando una herencia varias veces millonaria.

Lo que más me fascinó es leer los diarios, y las opiniones de los lectores. Desde los más fervientes defensores, a quienes el mensaje de Randy les ayudó a sanar su vida, hasta los más enconados detractores, que lo criticaron despiadadamente por las razones ya explicadas.

El objetivo de esta nota no es defender al dr. Pausch – y tampoco criticarlo. Cada uno de ustedes sabrá la reacción que les provoca.

Lo que me motiva a escribir es lo siguiente: alguna vez se plantean cuál será VUESTRA lección final? Se animarían a darla en vida? Stephen Covey propone un ejercicio de visualización ciertamente perturbador: imaginarse cómo sería nuestro propia ceremonia fúnebre. Más específicamente, una versión en la cual hay varios discursos de despedida: de un familiar cercano, de un amigo, de un compañero de trabajo. El ejercicio es “escribir” esos discursos como a vos te gustaría que fuesen. Y luego, ponerse a la altura de los mismos…

Se animan a hacerlo?

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foto de takomabibelot

No sé si les pasa a ustedes, pero a mí me encanta leer libros de cocina. Analizar las recetas. Deleitarme con las fotos. Imaginarme cómo sería paladear cada delicia descrita. Es como un hobby placentero y relajante.

Sin embargo, casi nunca llevo las recetas a la práctica. Cuando me toca cocinar, rara vez me aventuro en lo desconocido. Casi siempre prefiero la seguridad de la vieja receta familiar, tantas veces practicada y comprobada.

Me parece que a muchos de nosotros tenemos la misma actitud con los libros de desarrollo personal. Nos ENCANTA leerlos. Es una aventura placentera y relajante el navegar entre los conceptos e imaginarnos cómo sería si los aplicásemos en nuestra propia vida diaria. Adicionalmente, se siente bien el pensar que nos estamos desarrollando como personas. Al fin y al cabo, estamos leyendo un libro al respecto, cierto?

Uno de mis autores favoritos sobre marketing y creatividad, Seth Godin, escribió hace poco en un post de su blog su opinión sobre el proceso de escribir un libro de negocios y de la actitud que ante él debería tener el lector. Creo que sus ideas son igualmente aplicables a los libros de desarrollo personal, al fin y al cabo, son libros que tratan de cómo salir adelante en el negocio de la vida.

Les comparto las ideas principales de Seth:

Cuando escribo un libro, paso el 95% del tiempo tratando de convencer a la gente de que haga lo que le recomiendo hacer, y sólo el 5 % del tiempo explicando la “receta” de cómo hacerlo.

La receta fundamental de casi cualquier libro de negocios puede condensarse en dos o tres páginas. El resto es la venta. La prueba. La persuasión. Si uno sabe leer, puede identificar la “receta” en unos cuantos minutos. Lo que nos lleva a tu actitud de lector frente al libro.

Entonces, cómo leer un libro de negocios:

1.- decide, antes de empezar, que vas a cambiar TRES cosas acerca de tu negocio o tu vida. Después, a medida que lees el libro, irás encontrando cuáles son las tres cosas que vas a cambiar. El objetivo de la lectura, entonces, no es persuadirte a cambiar, sino que es ayudarte a elegir qué cambiar.

2.- si vas a invertir un bien valioso (tu tiempo), hazlo de manera productiva. Usa papelitos autoadhesivos, tarjetas o resaltadores flúo. No para anotar cosas que después olvidarás de cualquier manera, sino para crear una lista de cosas a hacer y un plan de acción. Así de simple: si pasan tres semanas y no has actuado sobre lo que escribiste, desperdiciaste tu tiempo.

3.- No se trata de tí, se trata acerca de la persona siguiente. El mejor uso que se le puede dar a este tipo de libros es para ayudar a otro. Compartir lo que lees, pasarle el libro a una persona que lo necesita…. alentar a los que te rodean a sincronizarse y actuar – es el principal motivo por el que escribo un libro, en vez de crear videos o seminarios. Un libro es un souvenir y un contenedor y un motivador y una herramienta potenciadora. Acaparar libros los hace valer menos, no más.

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foto de tanakawho

foto de tanakawho

“La motivación no sirve. Escucho a gente como Jim Rohn o Camilo Cruz y me entusiasmo, pero al par de días se me pasa, y sigo igual que antes.”

Escuché esta frase hace poquito, en una reunión de grupo. Y me dejó pensando, porque no era la primera vez que recibía comentarios de este tipo.

Entonces me puse a investigar un poco el tema. Encontré una respuesta que me impactó, del genial Zig Ziglar ante una pregunta parecida:

“Es cierto. La motivación tiene efecto solamente por un tiempo determinado. Exactamente igual que la ducha. Por eso recomendamos ducharse mínimo una vez al día.”

A mí me parece que hay dos tipos de motivación. Una es la externa, que es la generada por agentes externos, llamados libros, audios, blogs, oradores en vivo. Pensamientos de otras personas que influyen sobre ti. Este tipo de motivación parece ser fuerte, pero de corto plazo.

La otra motivación es la interna. La que se genera dentro tuyo. Tus sueños, tus ambiciones. Este otro tipo de motivación parece ser más difícil de pensar, de precisar y definir, pero más fácil de mantener.

Sospecho que las motivaciones internas son como la brújula orientadora, el mapa que no guía en nuestro camino de desarrollo personal. Pero las motivaciones externas son el combustible necesario para continuar transitando dicho camino.

Si uno no quiere quedarse bloqueado en el camino, parece ser que la actividad de motivación externa – leer un libro, escuchar un audio – debe realizarse en forma diaria. Al igual que la ducha.

Mi Mujer Amada dice los siguiente:

Me atrevería a agregar que las motivaciones externas sólo serían útiles realmente como factores de cambio si alimentan a nuestra motivación interna.

Ahí radica la esencia de nuestras fuerzas : tener sólo motivaciones externas y pretender que ellas nos marquen nuestro camino sería como tomarse duchas de agua fría.

Es súper útil la motivación externa si va ligada al encuentro y la alimentación de tu motivación interna.

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